Contexto Regional y Global

El año 2026 se describe como un periodo aún más complejo para las luchas sociales, marcado por la incertidumbre y riesgos geopolíticos, económicos y ambientales. En América Latina, se observa un crecimiento en los gobiernos con ideologías y prácticas autoritarias agresivas, el desinterés por combatir la desigualdad y la negación de la crisis climática muchos de estos bajo abiertos preceptos de derecha con agendas abiertamente regresivas que buscan revertir políticas de promoción de derechos humanos y hasta limitarlos adoptando la influencia de Trump. Los autoritarismos, ejercidos desde liderazgos tanto de izquierda como de derecha, buscan ejercer el poder bajo el control completo de las instituciones públicas y fuerzas de seguridad generando un debilitamiento institucional democrático y en los contextos más extremos, la limitación directa de libertades de la población, especialmente grupos opositores y tradicionalmente marginados.

Los riesgos relacionados con conflictos armados en la región están muy presentes, tanto en zonas con alta presencia del crímen organizado como con aquellos países a los que Estados Unidos abiertamente ha amenazado con intervenir. En un contexto global en donde el multilateralismo y las instituciones globales están siendo debilitadas, las instancias de lucha por parte de grupos de víctimas, activistas y organizaciones de la sociedad civil se ven cada vez más reducidos enfrentando la invisibilización de los derechos humanos, la negación del cambio climático, la polarización social y la desinformación como un elemento que permea a la sociedad desde los espacios digitales y mediáticos.

Con todo esto en mente, desde SocialTIC reflexionamos sobre cuatro claves para poder guiar nuestro actuar activista y tecnológico para este año invitándonos a reflexionar y a repensar algunas de nuestras acciones individuales y colectivas.

1. Refinar y Repensar Nuestro Activismo

Ante mayores cambios de contextos y el debilitamiento de múltiples instituciones nacionales e internacionales es necesario parar, y de manera estratégica, valorar qué acciones activistas son necesarias desde la trinchera y contextos en los que estemos.

Estas reflexiones estratégicas nos obligan a evaluar si nuestro activismo tiene posibilidades de impactar más allá del reporte a financiadores o la ejecución de las actividades planeadas. Conscientes de nuestras limitantes y contextos, invitamos a enfrentar dilemas, incomodidades y complejidades tales como:

  • Si dejamos de estar en un contexto democrático y nos rige el autoritarismo y la represión, nuestras tácticas deben de cambiar así como incrementar nuestros protocolos de seguridad. 
  • Si nuestro trabajo se da en ambientes regidos por el crimen organizado, debemos aprender desde la práctica a disminuir el riesgo y mantener la presencia en las comunidades. 
  • Si nuestros gobiernos nos identifican con su posición, debemos ver cómo evitar que la población nos vea así y replantear los esquemas de colaboración con instituciones públicas. 
  • Si los espacios de incidencia gubernamental y legislativa son mínimos, debemos evaluar cuándo y cómo visibilizar los impactos en las poblaciones así como ver qué rendijas influencia podemos tener. 
  • Si el acceso a la información y los datos públicos está siendo limitado, debemos evidenciar y establecer dinámicas autónomas de memoria pública. 
  • Si estamos alcanzando a públicos fuera de nuestra generación, preparando a nuevas generaciones para la resistencia y activismos así como aprendiendo de las generaciones pasadas. 
  • Si las narrativas de los aparatos de estado y poderes fácticos dominan los medios y las plataformas, debemos evidenciar la censura, evitar caer en las trampas mediáticas y consolidar nuestras voces.

2. Trascender burbujas narrativas y al algoritmo

Como lo hemos advertido en los últimos años, los entornos sociodigitales rigen las dinámicas públicas impulsadas por el lucro de las empresas que han desarrollado las plataformas en donde interactuamos y dejando en desprecio la promoción de sociedades armónicas, respetuosas, equitativas, seguras y justas. Las ambiciones políticas y económicas de los oligarcas de la industria de la big-tech han revertido e inclusive eliminado los avances generados en las trabajo multi-actor sobre gobernanza de Internet de la última década en donde se ha buscado que existan políticas públicas y empresariales que velen por la convivencia libre y segura de las personas en plataformas digitales. Actualmente interactuamos en espacios digitales privados opacos y desregulados por los gobiernos que, en el mejor de los casos, cuentan con normas de comunidad y servicio claros. En el peor, activamente se identifican moderaciones de contenidos que propician la amplificación de mensajes antiderechos, politizados y antidemocráticos.

El reto para el activismo, el periodismo y las acciones cívicas se incrementa, al ser los espacios digitales lugares de integración, asociación, expresión y visibilización con grupos sociales claves para nuestras causas. Los elementos estratégicos, como el tener claridad de objetivos, audiencias y efectividad de mensajes, resultan cada vez más importantes para poder tener espacios de interacción y comunicación efectiva con los grupos de personas a quienes debemos impactar.

Y el reto se incrementa al estar conscientes que las plataformas siguen encapsulando a las personas a través de sus algoritmos que consolidan cámaras de eco ideológicas y la polarización digital. Ante ello, además de buscar generar nuevos espacios de comunidad y explorar plataformas más éticas y seguras, el contexto generalizado nos obliga a tener la capacidad de hablarle e influenciar a audiencias específicas, fuera de nuestras burbujas comunicacionales, que sin ser necesariamente opositores a nuestras causas, aún requieren ser llamades, informades e involucrades.

3. Vigilancia y Control Social

Así como hemos advertido anualmente, el incremento de las tecnologías de vigilancia cada vez se propagan más en múltiples ámbitos de vida cotidiana y, al no tener regulación, controles o salvaguardas que limiten su abuso, éstas son el medio para que desde los gobiernos, grupos criminales y privados vigilen a la población. Los ámbitos sociales, cívicos y hasta familiares ya están normalizando la presencia de cámaras, drones, registros biométricos y la instalación de aplicaciones móviles sin garantía de privacidad para las personas. Y aunque esta vigilancia gubernamental y privada es “invisible”, sus modus operandi e impactos salen a la luz en contextos autoritarios. En Estados Unidos, agentes del control de inmigración (ICE) están dirigiendo sus ataques contra población migrante y ciudadanía inconforme basándose en cruces de bases de datos poblacionales (incluyendo de licencias de tránsito, telefonía y comerciales), están realizando perfilamiento social con base en lo publicado por las personas en redes sociales y están adoptando tecnologías de geolocalización e interceptación de señales de teléfonos celulares así como apps con reconocimiento facial.

En múltiples países de América Latina, los gobiernos siguen manteniendo el argumento de la vigilancia como elemento central de sus esfuerzos de seguridad y combate al crimen sin cumplir o establecer mecanismos de control para evitar abusos de autoridad, salvaguardas para que personas víctimas de vigilancia ilegal sean avisadas y debidamente atendidas y los elementos de ciberseguridad necesarios para evitar que información sensible sea filtrada o robada convirtiéndose en insumos para la extorsión, robo de identidad y otras acciones criminales.

En México, un conjunto de reformas de ley aprobadas en 2025 por el gobierno actual (con mayoría en ambas cámaras del Legislativo), ha establecido el andamiaje para que fuerzas de seguridad e instituciones del poder ejecutivo realicen una interconexión de las bases de datos nacionales (públicas y privadas) que permitan cruzar datos de identidad (a través de la CURP biométrica), telefonía (a través del registro telefónico), comercial (a través del registro de CURP para compras y trámites) y fiscal (a través del código fiscal) de la ciudadanía. Dichas reformas carecen de controles y salvaguardas explícitas que eviten abusos e impactos contra la ciudadanía.

Preocupantemente, a inicios de 2026 al entrar en vigor la implementación del registro telefónico se evidenció importantes fallas de seguridad por parte de las empresas de telefonía dejando desprotegidos millones de datos de la ciudadanía y vislumbrando una debilidad de las actuales instituciones públicas que, ante la extención del órgano autónomo INAI, concentran la responsabilidad de la protección de datos personales.

4. Inteligencia Artificial (IA)

Vivimos el auge de la inteligencia artificial generativa en múltiples ámbitos de la vida y el trabajo. Esta vertiginosa adopción de la IA está abriendo oportunidades para eficientar el trabajo de la sociedad civil, el activismo y el periodismo. No obstante, la ausencia de límites normativos gubernamentales y desde las mismas empresas tecnológicas está ya generando preocupantes impactos en la sociedad.

Con lo anterior en perspectiva, desde SocialTIC hemos acompañado a organizaciones de sociedad civil en procesos participativos para identificar colectivamente los usos, límites y cautelas que debemos tener y acordar con tal de lograr una adopción crítica y estratégica de los múltiples servicios disponibles basados en IA. El intercambio entre pares y colegas está resultando clave para inspirarnos colectivamente en usos relevantes así como establecer normas claras de uso que limiten riesgos y acuñan prácticas éticas.

En la sociedad, cada vez es más necesario señalar las responsabilidades que empresas y gobierno tienen sobre los impactos que la adopción de la IA está teniendo. Algunos elementos críticos que identificamos son:

  • Falta de gobernanza y regulación dentro de instituciones de gobierno que establezcan lineamientos de uso de IA especialmente relacionado con la alimentación de información sensible de la población, controles de veracidad/calidad de la información generada y automatización de decisiones que afecten la vida pública.
  • Falta de transparencia y mecanismos de salvaguarda ante decisiones automatizadas de empresas y gobiernos que tengan sobre la vida de la ciudadanía.
  • Falta de transparencia y límites de contenido sintético en plataformas digitales, especialmente las redes sociales y espacios audiovisuales.
  • Generación y difusión de contenido sintético dañino, especialmente en contra de mujeres, infancias y poblaciones tradicionalmente marginadas.
  • Automatización y aceleración de métodos de vulneración de sistemas, cuentas y plataformas digitales.
  • Incremento de contenidos y mecanismos de distribución masivo y selectivo para la generación de engaños y estafas.

Frente a un contexto cada vez más complejo, desde SocialTIC seguiremos facilitando procesos de aprendizaje, diálogo y fortalecimiento estratégico junto a activistas, periodistas y personas defensoras. Frente a las crecientes amenazas y riesgos digitales, seguiremos acercando conocimiento y evidencia técnica, desarrollando capacidades de protección y redes de apoyo.